Ok, acá estoy.
Una fanática más de las series.
No me pregunten por qué, amo el cine, claramente son dos cuestiones muy diferentes y no hay comparación entre una y otra, pero yo no sé si fue un contexto personal o qué
No sé si me enamoré del formato cuando fui madre y mi estado de vigilia no lograba llegar a terminar una película de 2 horas, o porque era ese el poco tiempo que tenía disponible entre una papilla desabrida que tenía que ofrecer con cara de "pero mirá que plato gourmet que preparó mamá!", un trabajo demandante y un marido con quien quería interactuar de vez en cuando, si no era mucho pedir, claro.
Eso, disfrutar, tirada en el sillón, enterrada más bien en el sillón, con un café calentito, algo dulce y una serie, podría decirse que es uno de mis momentos preferidos. Ese y otros claramente, pero no es momento de ponernos a profundizar en cuestiones que tal vez no interesen mucho a nadie más que a mí y a mi analista.
Volvemos entonces: podría decir con orgullo que ví casi todo. Desde Alf (si se me permite remontarme a mi infancia sin dejar que ustedes se pongan a hacer cálculos con la edad), hasta el final de la sexta temporada de Mad Men. Y entre esas dos, de todo, mucho arte invaluable y mucha porquería pochoclera también, para qué mentirles.
Por cable, por internet, por sitios de dudosa procedencia, con buena calidad, con doblaje español (eshpañol de Eshpaña, tío!), y he sobrevivido.
Pues bien, aquí estaremos entonces, comentando cuanta pavada se nos cruce sobre éstas "medias horas".
Si les divierte, las espero!
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